Sombras que ves, sombras que sientes. Sombras que te cobijan, sombras que te excitan, sombras que te desnudan, sombras que te horrorizan. Muchas sombras hay de sobra...
Las sombras mentales son las más peligrosas, te acompañan al levantarte por la mañana (o por la tarde), quizás en los sueños son personajes recurrentes. Es cuestión de identificarlas. Son pensamientos que no puedes sobrepasar, que siguen latentes en el éter de tu psiquis. Moldean tus acciones y queman tus neuronas.
Las demás no creo temerles, porque a veces me arropo de ellas, son calientitas cuando quieren y me envuelvo en la ola que viene y se vá, de tus memorias y mis historias, que se confunden con el mito y la realidad, un desavío craso, a veces deleitable. Esa distancia razonable me satisface hasta cierto punto, son mundos contrarios que caminan nuestros pies, pero mi realidad es otra, la que está en mis escaleras más elevadas. Siguen inventándose como fragmentos de Okasaki las anécdotas, replicándo códigos que solo yo puedo descifrar. Y vuelvo al retorno.
quizás haga un dibujo.
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